La importancia de unir mente y cuerpo para atravesar compasivamente el proceso de aborto voluntario
- EVELYN ORTIZ
- 14 may
- 2 Min. de lectura
En los momentos más delicados de la vida, como lo puede ser una interrupción voluntaria del embarazo, el entorno emocional y energético importa. Mucho más de lo que a veces creemos.
Diversos enfoques espirituales y psicológicos coinciden en que el pensamiento humano tiene una frecuencia, una energía. Y cuando esa energía se dirige con intención, puede acompañar, aliviar, sostener. La empatía, el amor, el respeto… no son solo palabras: son vibraciones que se sienten.
Cuando acompañamos mental y emocionalmente a alguien que transita un aborto —ya sea físicamente presentes o a la distancia— con pensamientos de comprensión, cuidado y no juicio, estamos colaborando a que ese proceso sea más llevadero. No evitamos el dolor, pero ayudamos a que no se sienta sola. Le recordamos que su experiencia merece dignidad y cuidado.
Así que hoy, te invitamos a enviar un pensamiento amable, silencioso, lleno de amor, hacia quienes están atravesando este momento. Que sepan que no están solas. Que sientan que, incluso sin palabras, hay energía acompañándolas.
El pensamiento humano tiene poder. Usemos ese poder para sanar, no para herir.
Cuando una mujer atraviesa un proceso de aborto, no solo intervienen los medicamentos o lo físico: también es clave la conexión profunda con su cuerpo y su energía. El diálogo interno, la intención y la disposición mental influyen directamente en cómo el cuerpo responde.
Nuestro cuerpo escucha. Y lo hace a través de señales químicas que la mente emite según lo que sentimos y pensamos. Por eso, cuando una mujer entiende que este proceso es necesario, que es un acto de cuidado, y logra alinearse con esa verdad interior, su cuerpo responde desde otro lugar. La energía cambia, se suaviza, y el tránsito, aunque no deja de ser profundo, puede vivirse con mayor ligereza emocional y física.
La mente puede ser aliada o enemiga. Si nos dejamos dominar por el miedo, la culpa o la duda, esa vibración se convierte en una barrera. En cambio, si cultivamos pensamientos de confianza, respeto por nuestra decisión y amor propio, todo el cuerpo entra en coherencia. Y desde ahí, sabe qué hacer.
Este no es un proceso cualquiera. Es un momento de reconexión, de presencia. Y si te hablas con ternura, si le hablas a tu cuerpo con claridad, él te responderá con sabiduría.
Confía en ti. Confía en tu decisión. Confía en tu cuerpo.
Esto no significa negar las emociones difíciles. Significa abrazarlas desde un lugar seguro, reconociendo que somos humanas, que cuidarnos también implica tomar decisiones difíciles, y que hablarle al cuerpo con respeto y confianza puede marcar una gran diferencia.
El cuerpo sabe. Pero necesita que la mente lo acompañe.






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